Mostrando entradas con la etiqueta Karina. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Karina. Mostrar todas las entradas

miércoles, 27 de abril de 2011

Sobre la disciplina y los problemas

Algunos hemos aprendido a asociar la disciplina con conceptos tan negativos como rigidez, control, aburrimiento, o incluso violencia. Me gusta la idea de que la disciplina sea, entre otros elementos, un distintivo de amor, aunque me sigue costando un enorme trabajo aplicarla a los diferentes campos de mi vida. Aquí les comparto este que es uno de mis textos favoritos sobre la disciplina y la vida en general.

La disciplina es el instrumento básico que necesitamos para resolver los problemas de la vida. Sin disciplina no podemos resolver nada. Con sólo un poco de disciplina podemos resolver únicamente algunos problemas. Con una disciplina total podemos resolver todos los problemas. M. Scott Peck.

La vida es difícil. Ésta es una gran verdad, una de las más grandes. Es una gran verdad porque una vez que la comprendemos realmente, la trascendemos. Cuando realmente nos damos cuenta de que la vida es difícil -una vez que lo hemos comprendido y aceptado verdaderamente así- la vida ya no resulta difícil. Porque una vez que se aceptó aquella verdad, el hecho de que la vida sea difícil ya no importa. La mayor parte de la gente no comprende cabalmente esta verdad de que la vida sea difícil. En cambio, no deja de lamentarse ruidosa o delicadamente de la enormidad de sus propios problemas, de la carga que ellos representan y de todas sus dificultades como si la vida fuera en general una aventura fácil, como si la vida debiera ser fácil. La vida es una serie de problemas. ¿Hemos de lamentamos de ellos o resolverlos? ¿No deseamos enseñar a nuestros hijos a resolverlos? La disciplina es el instrumento básico que necesitamos para resolver los problemas de la vida. Sin disciplina no podemos resolver nada. Con sólo un poco de disciplina podemos resolver únicamente algunos problemas. Con una disciplina total podemos resolver todos los problemas. Lo que hace la vida dificultosa es el hecho de que el proceso de afrontar y resolver problemas es un proceso penoso. Los problemas, según su naturaleza, suscitan en nosotros frustración o dolor o tristeza o sensación de soledad o culpabilidad o arrepentimiento o cólera o miedo o angustia o ansiedad o desesperación. Éstas son sensaciones desagradables, a menudo muy desagradables, a veces tan penosas como cualquier dolor físico, y a veces igualan a los peores dolores físicos. Ciertamente, a causa del dolor que los acontecimientos o conflictos provocan en nosotros, los llamamos problemas. Y como la vida plantea una interminable serie de problemas, siempre es dificultosa y está tan llena de dolores como de alegrías. Sin embargo, la vida cobra su sentido precisamente en este proceso de afrontar y resolver problemas. Los problemas hacen que distingamos agudamente entre éxito y fracaso. Los problemas fomentan nuestro coraje y nuestra sabiduría; más aún, crean nuestro coraje y nuestra sabiduría. Sólo a causa de los problemas crecemos mental y espiritualmente. Cuando deseamos alentar el desarrollo y el crecimiento del espíritu humano, lanzamos un desafío a la capacidad del hombre para resolver problemas, así como en la escuela deliberadamente proponemos problemas a los niños para que los resuelvan. Por el dolor, que supone afrontar y resolver problemas, aprendemos. Como dijo Benjamín Franklin: “Aquellas cosas que lastiman instruyen “. Por eso las personas sabias aprenden a no temer los problemas, sino que por el contrario los acogen de buen grado así como aceptan los dolores inherentes a los problemas. La mayor parte de nosotros no es tan sabia. Como tememos el dolor, casi todos, en mayor o menor medida, procuramos evitar los problemas. Diferimos su consideración, con la esperanza de que desaparezcan. Los ignoramos, los olvidamos, pretendemos que no existen. Hasta tomamos drogas para que nos ayuden a ignorarlos, pues al embotar nuestra conciencia del dolor podemos olvidar los problemas que los causan. Intentamos eludir todos los problemas en lugar de afrontarlos directamente. Procuramos eludirlos para evitarnos sufrimientos. Esta tendencia a eludir los problemas y los sufrimientos inherentes a ellos es la base primaria de toda enfermedad mental. Como los más de nosotros tenemos esa tendencia en mayor o menor. La primera de las “cuatro nobles verdades” que enseñó Buda fue “La vida es sufrimiento”. La mayoría de nosotros estamos mentalmente enfermos en mayor o menor grado, es decir, no gozamos de una, salud mental completa. Algunos vamos tan extraordinariamente lejos en nuestro empeño de evitar los problemas y los sufrimientos que ellos causan que nos alejamos mucho de todo cuanto es claramente bueno y sensato a fin de tratar de encontrar una manera fácil y, así, forjamos las más elaboradas fantasías a veces con total exclusión de la realidad. Digámoslo con las breves y elegantes palabras de Carl Jung: “La neurosis es siempre un sustituto de genuinos sufrimientos” Pero el sustituto termina por convertirse en algo más penoso que el sufrimiento legítimo que el que debía evitar. La neurosis misma se convierte en el máximo problema. Muchos intentan entonces evitar ese dolor y ese problema colocando capa tras capa de neurosis. Afortunadamente sin embargo algunos tienen el valor de hacer frente a sus neurosis y comienzan a aprender -generalmente con la ayuda de la psicoterapia- el modo de experimentar el sufrimiento genuino. En todo caso, cuando eludimos el sufrimiento genuino que resulta de afrontar problemas, nos privamos también de la posibilidad de crecimiento que los problemas nos ofrecen. Por eso, en las enfermedades mentales crónicas, se detiene nuestro proceso de crecimiento y quedamos atascados. Y, sin una cura el espíritu humano comienza a encogerse y a marchitarse. Por eso debemos inculcar en nosotros y en nuestros hijos los medios de alcanzar la salud mental y espiritual. Quiero decir con esto que debemos enseñarnos a nosotros mismos y enseñar a nuestros hijos la necesidad de sufrir y el valor que ello tiene, la necesidad de afrontar directamente los problemas y de experimentar el dolor que ellos nos acarrean. Dije que la disciplina es el instrumento fundamental que necesitamos para resolver los problemas de la vida. Como veremos, este instrumento comprende varias técnicas de sufrimiento, medios en virtud de los cuales experimentamos el dolor de los problemas de manera tal que los penetramos con esfuerzo y terminamos por resolverlos; éste es un proceso de aprendizaje y crecimiento. Cuando enseñamos la disciplina (a nosotros mismos o a nuestros hijos) nos estamos enseñando y les estamos enseñando a ellos la manera de sufrir y también la manera de desarrollarnos y crecer. ¿Cuáles son estos instrumentos, esas técnicas de sufrimiento, esos medios de experimentar el dolor de los problemas de modo constructivo, eso que yo llamo disciplina? Hay cuatro: postergación de la gratificación, aceptación de la responsabilidad, dedicación a la verdad y equilibrio. Según habremos de ver, éstos no son instrumentos complejos cuya aplicación exija gran entrenamiento. Por el contrario, son instrumentos simples y casi todos los niños ya los utilizan a los diez años de edad. Sin embargo, reyes y presidentes a menudo se olvidan de usarlos con gran detrimento para ellos. La cuestión es, no la complejidad de tales instrumentos, sino la voluntad de utilizarlos. En efecto, se trata de instrumentos con los cuales se afronta el dolor en lugar de evitarlo, de suerte que si uno procura eludir los sufrimientos legítimos, no hará uso de estos instrumentos. Por eso, después de analizarlos uno por uno en la sección siguiente, consideraremos la voluntad de usarlos, que es el amor.

The Road Less Traveled, M. Scott Peck.

jueves, 29 de julio de 2010

Amor global

No habrá distancia para mi amor,
Ni será una cruz la geografía
Vendrás, el invierno verá ese día
Y a la esperanza daremos calor.

De tus promesas sacaré el valor
Para vencer sobre la melancolía,
Sólo de recuerdos haré una orgía
Y a nuestros sueños dedicaré mi ardor

Mil besos tramaré con mi almohada
admiraré mi colección de ansiedad
y cada nostalgia será pagada

Hoy me asomo a la felicidad
hacer mi soledad justificada
llegar a fundirte con mi libertad.

viernes, 25 de diciembre de 2009

La virgen del centro comercial

-No dejes espacios en blanco- le dijo el reclutador cuando le entregó la hoja desde su mostrador.Como todas las solicitudes de empleo ésta tenía algunas preguntas caprichosas sólo de interés morboso para un archivero olvidado. Se sentó en la fila de sillas de espera y sacó una pluma para rellenar el cuestionario.Mientras respondía en automático, pensaba en sus propios espacios, llenos de la noche pasada con ella. Fin de año no era el mejor momento para quedarse sin empleo, pero si aquella era su manera de darle ánimos, podría haber perdido el trabajo con resignación desde hacía mucho tiempo atrás.-Se te pasó una pregunta- le señaló el reclutador después de examinar la solicitud y se la regresó mirándolo con tediosa simpatía. Volvió a su asiento para examinar la forma.“Toca usted algún instrumento musical”, leyó la cuestión pasada por alto. A propósito la había dejado de lado. Sí o no y cuál, insistía. Necesitaba un empleo de temporada en el centro comercial, no aspiraba a tocar en la filarmónica de la ciudad, por qué la necedad.Era una de las pocas frustraciones que tenía en su historia, jamás haber podido dominar algún instrumento a pesar de lo mucho que amara la música. La guitarra, el piano, la flauta, todos apenas un desempeño decoroso, a veces creía que le fallaba la constancia pero decían que era el oído el que no le ayudaba.Ahora su oído regresó a la pasada noche en la sala, al sonido que escuchó de su boca justo después de chocar sus manos cuando ella ponía la última esfera y él acomodaba la estrella en lo alto del arbolito, reconoció en ese primer suspiro que esa era la música con la que él había soñado poder crear.

Era viernes y la virgen del nacimiento del centro comercial había dejado de serlo, miró sus brazos vacíos y al pecoso José. Cómo siempre cada nueva situación que se le presentaba estaba mezclada con una fuerte dosis de dolor y alegría, ahora se sentía rara en su papel divino. Después de todo no la eligieron por su pureza, más bien porque tenía la estructura, el tono de piel y el color de cabello adecuado, nadie le pregunto su historial sexual más allá de si estaba casada o tenía hijos. Había dejado de ser virgen en tantos aspectos que hasta había olvidado que en el lado técnico aún lo era. Pero la noche pasada mientras sacaba los adornos del árbol y lo miraba enredar las luces había regresado a un estado anterior de inocencia, antes de saber lo que era que una amiga le fallara o un chico la traicionara, antes de comprender que la honestidad a veces no servía de nada y entender que por más que deseara algo esto no se podría realizar. Cuando él le preguntó con ternura si le iba pedir un deseo a la estrella que colocaba en lo alto, ella lo miró con detenimiento y pensó que lo amaba que quizá podía volver a creer en alguien. Deseó que él pudiera quererla también. Cuando el le sonrió creyó que su deseo estaba cumplido, así que mirando la estrella brillar en sus ojos, pidió que se realizará el deseo más grande que el hubiera tenido.

Cuando ella se acercó, en su abrazo entendió que estaba hecha a su media, era el sentido para el que se habían creado sus manos, si no es que cada estructura de su cuerpo. La palpó por completó para descifrar de qué se trataba el susurro que subía y bajaba de tono. Recorrió en su espalda los secretos de su respiración, se bebió las palabras que no entendía pero al juntarlas con sus labios se volvían coherentes y acarició en su garganta la sorpresa de sus pieles en contradicción. La tocó hasta perderse en un silencio de anticipación. Al fin respondió que sí a la pregunta de la solicitud, y a la cuestión de cual instrumento, sólo puso un “usted no lo entendería”.

Se supone que no debe moverse, ya falta poco para que cierren las tiendas, pero él le hace señas desde la cerca del portal, su sonrisa le indica que le fue bien en la entrevista y la esperará. La virgen del centro comercial ya no es técnicamente virgen ese viernes, se echa en un brazo parte de su túnica y recorre la distancia que los separa, le da un rápido beso y piensa que se siente bien ser una persona de carne y hueso, que puede llegar a llorar a través ser tan feliz.

lunes, 23 de noviembre de 2009

Entre comisuras



Entre sus actividades diarias la llamó la jefa de personal en el cuarto piso. La ejecutiva la hizo sentar y con seriedad señaló haber escuchado que ella y el encargado de almacén eran muy buenos “amigos”, así que creyó necesario recordarle la política de la empresa acerca de las relaciones extra profesionales entre empleados: estaban absolutamente prohibidas.


Entre el silencio atento de su parte y una letanía por el otro lado del escritorio, se preguntó como llegó aquello hasta los oídos de la persona más exigente de la organización. No respondió nada ante la advertencia, nada le podían comprobar. Pero el juicio que escuchaba en la frialdad de su voz, era capaz de alterarla. Cuando fue contratada meses antes, aquella mujer le pareció buena persona, y ahora cayó en cuenta que las buenas personas son las que más fácilmente critican lo malo de los demás. La jefa no había aprendido aún, que cuando juzgas duramente a alguien, estás destinado a tarde o temprano ser enjuiciado por algo similar o peor.

Entre la sorpresa y la irritación regresó a su oficina. Eran buenos amigos, claro. ¿Pero, por qué le daban tanta importancia a su felicidad de las 5? El tipo de desconcentración que ahora sufría cuando debía terminar el reporte, seguro era el motivo, por el que se castigaba el afecto entre colaboradores. Por primera vez experimentó las limitaciones a la libertad que muchos atribuían a la empresa.

Entre las 5 y 5:10 acostumbraba ir por un café a la máquina expendedora del piso 2, único momento del día en que solía encontrarse con él, mientras Javier se preparaba un café americano, ella enfriaba un poco su capuccino latté, 4 minutos, donde intercambiaban lo sobresaliente del día o lo que iba a suceder. O que el tenía un amor secreto, que a ella le hubiera gustado ser. Ahora dudó de levantarse y buscar unas monedas. Pero su espíritu rebelde ganó.

Entre guardárselo o confiarle que estaban poniendo su relación entre comillas, bajo por la escalera. Él era la persona más sencilla del planeta, no tenía los artilugios de la gente que utiliza con brillantez el lenguaje, no citaba a ningún personaje famoso, o se refería a las palabras textuales de un libro, llamaba claramente a cada cosa por su nombre, su única relación con las comillas eran las pequeñas líneas que se formaban junto a las comisuras de sus labios cuando sonreía, eran encantadoras. ¿Lo habrían llamado también a él a personal?

Entre la excitación de verlo como siempre y la decepción que sería la última vez en sus cuatro minutos del café, miró de un lado a otro del pasillo, mojo sus labios en su capuccino y alzándose un poco se perdió por unos segundos entre sus comillas. También sabía a café. Sonrió ante su sorpresa, para ella no eran tan sólo amigos después de todo.

Y entre curiosidad y la repentina certeza, le preguntó: La mujer de la empresa con la que sales ¿es la del cuarto del piso?

sábado, 7 de noviembre de 2009

Una pausa sin final

Observa la frase que escribió en la arena y no sabe si lleva punto intermedio entre esa sucesión de palabras o simplemente entre los espacios se insinúa una coma. Acaricia su frente con la pluma de ave que encontró medio enterrada en la arena, finalmente se le ocurre que allí va punto y coma, se lo pone antes que la borre la marea.




Los demás se escuchan en algarabía allá en el balcón de la casa, están celebrando algo. Ella de repente, y como de costumbre entre tanta gente, ha pensado que no puede respirar. Sabe que en otro tiempo el hubiera venido tras de ella, a respirar también. Hoy se queda en el aire de la persona que ha escogido para pasar su vida.

Aún hay luz y está suficientemente sobria para que no tiemble su mano ante el ritual de escribir su pensamiento más profundo para dejarlo ir.

Estaba el mar así de tranquilo cuando le preguntó que sentía por ella y viendo su cabello ondularse con el mar no sabía lo que el contestaría. Ella es de las personas que no sabe cuando la fiesta se acabó o cuando en una conversación le toca hablar, cree que muchos seres allá presentes podrían pertenecer perfectamente a otro planeta y aún cree que los imposibles se pueden realizar. No aprendió nunca cuando al finalizar una idea se cierra con un punto o cuando simplemente sobre la pausa se cierne una coma. Cuando se enfrenta a esa duda y no sabe qué poner, sólo piensa aquí va punto y coma.

Quizá él no la quiere por ser está mujer indecisa que no puede presumir con los demás o porque él no cree que existe otro unviverso más allá de ese balcón, porque tendría que creer que si el mundo precisa de gente decidida para triunfar, también necesita de quien pueda dudar de lo que ven sus ojos, de quien pueda cuestionar.

El podrá decidir nunca haberla querido o no quererla nunca más, podrá quedarse en la comodidad de la distancia, ignorarla con la excusa de no herirla o alentarla más. Podrán sus miedos poner palabras en su boca que ella nunca dirá, pero no puede decidir lo que ella por él sentirá. Puede decretar que sea lo que ellos sean acabó, pero no puede evitar que ella haya experimentado que su existencia le daba sentido a la suya.

No, no podrá aspirar el olor de su cuerpo como una fresca mañana, ni depertarlo en la tibieza de sus brazos para sacar la basura. No podrá contarle lo que ha sido que él ya no sea parte de su camino, ni la esperanza que tiene con la llegada de alguien nuevo y precioso a su vida. De como con la paciencia de las olas se ha ido desmoronando el nudo en la graganta que sentía desde ese día, para dar paso a una voz clara, lista para hablar de amor, más fuerte y mejor.

Él no confía en la tregua segura que cobija a una amistad, ni ella en la hipocresía de tratarse como apenas conocidos. No habrá el alivio que deja el sentimiento al ser correspondido, ni la paz definitiva de un adiós cuando deja todo concluido. Lo que se le ocurre que tendrá es una historia que contar a sus nietos en una tarde de playa. Quizá en ese tiempo se hayan inventado nuevas marcas de puntuación y talvez también se hayan encontrado otras desconocidas formas de dar amor.

Respira hondo antes de regresar a la casa. Hoy no hay lágrimas que empañen su vista y se confundan con el mar, ahora sólo es la natural oscuridad que no la deja leer lo que ha escrito...

El amor a veces existe por una razón; punto y coma; y a veces existe sólo porque es amor.

domingo, 26 de julio de 2009

Autoras II. La peor de todas


Admito no haber leído del todo su obra y creo que ella más preciada me es cuando la veo en los billetes verdes de 200. Seria, inescrutable, pero bien que ayuda para ser intercambiada por una buena cena. Como niña aplicada de primaria, fue de las primeras autoras que conocí, aun con lo engorrosos que resulta la métrica de sus versos, fue décadas más tarde que la volví a encontrar y desencontrar de la mano de Octavio Paz, en las Trampas de la Fe, con diferente engorro. Alucinación o recreación ficticia, y no con menos morbo, al fin encontré un poco de sentido a su poesía, represión, intrigas de la corte, virreinas seductoras, adulación, corrupción clerical, moda barroca, epidemias. Si es cierto que toda su vida (que no fue mucha pues murió a los 43) luchó por escribir, como lo dice uno de sus poemas “En perseguirme, Mundo, ¿qué interesas? ¿En qué te ofendo, cuando sólo intento poner belleza en mi entendimiento y no mi entendimiento en las bellezas?”, y con su famosa carta de respuesta Sor Filotea (el obispo intrigoso¿Qué todos querían ser monjas?), es triste que haya muerto habiendo renunciado a sus inclinaciones intelectuales y mundanas, firmando que era la peor de todas, pero redescubierta en nuestros tiempos es una gran inspiración . Unos de mis versos cursis favoritos:

no te atormenten más celos tiranos
ni el vil recelo tu quietud contraste
con sombras necias, con indicios vanos,
pues ya en líquido humor viste y tocaste,
mi corazón deshecho entre tus manos.
Sor Juana Inés de la Cruz

miércoles, 22 de julio de 2009

La hipocresía de la tolerancia


No tolero la tolerancia,
me da comezón su arrogancia disfrazada de bondad
es intolerable toda esa jactancia
cuando no viene acompañada de una verdadera compresión,
me quedo mejor con la indiferencia, que no tiene sabor.

Lo sabe quien alguna vez se ha creído diferente por algo,
por tener un poco menos de piezas, o un poco más de pelo
quienes saben menos o quienes miran de más
quienes aman sin ver las formas o quienes sólo sienten la mitad
quienes gritan con todas sus fuerzas o quienes preferimos callar.

No puedo creer en un Dios que nos dio el regalo de ser únicos
para que lo disolvamos en un río llamado sentido común
para que al fin del día recibamos el premio por funcionar bien
corriendo tras la meta de ser el mejor, pero el mejor igual.
no creo en tanto esfuerzo por ser singular, pero no tanto para desentonar.

Y luego que, que hemos cumplido lo que dicta tal escala
resulta que lo que hemos ganado, es una vara para juzgar
para decir que aceptamos que al menos viva el que no piensa igual,
para decir que somos tolerantes, aunque no baste para estar en paz.
Para profundizar en este mundo, más falta respetar, más falta amar.

jueves, 2 de julio de 2009

Estamos a mitad de camino



Estamos a mitad del camino…Somos demasiado grandes para ver lo minúsculo y demasiado pequeños para ver las galaxias. Siempre nos ha gustado estar en medio. Comenta el premio Nobel de física, Sheldon Lee Glashow, a Eduardo Punset en una entrevista. En la antigüedad la Tierra era el centro del Universo y Jerusalén era el centro de la tierra.
Como buen científico aplica la física a todo el universo y afirma que las reglas de lo grande son las mismas que para las partículas más pequeñas. Aunque los humanos nos sentimos únicos y especiales nos regimos por estas mismas Leyes. Los científicos insisten en golpear nuestro ego. Pero volviendo al asunto lo que podemos y no ver debido a nuestro tamaño y saltando al patio de la psicología, pues francamente vemos lo que estamos capacitados para ver, lo que puede captar nuestra atención y lo que nos permite nuestra conciencia e inconciencia. No más. Y es demasiado en la saturación actual de información de todos lados, con tantos planes por hacer no es raro que siempre nos quedemos con la sensación de detenernos a la mitad de algo. De dejar inconcluso esto y aquello.
Sigo pensando que hay que parar de vez en cuando y ver realmente que es lo grande y que lo pequeño. O encontrar que no importa la medida a fin de cuentas, si no el proceso, que estar en medio significa haber empezado aun con la esperanza y alegría de terminar nuestros propósitos algún día.
Me recuerdo que hoy estamos exactamente a la mitad de este 2009, que con julio empieza la segunda parte del año. Y es buen tiempo para dejar por unos minutos de ser el centro del universo y quizá ver que podemos hacer por él.

domingo, 21 de junio de 2009

5 de junio de 2009, el día que se incendió nuestra inocencia.

Nos han robado la inocencia

Ni si quiera puedo imaginar el dolor de los pequeños o de los padres, me duele cuando pienso en ello por más de un segundo, cuando repaso lo dicho en los noticieros, lo que cuentan los vecinos, lo que opinan las madres, los niños, las abuelas es como sal en la herida. Inevitablemente acabo en llanto.

Nos han robado la ingenuidad. Cuando dejamos a nuestros tesoros en un lugar que nos dijeron era seguro y nosotros apretando el corazón lo quisimos creer, por necesidad, porque nos tenemos que levantar cada mañana para correr y sobrevivir y darle su cuota a esta sociedad materialista, a nuestras empresas que creen más en el dinero que en la persona o la familia.

Nos han robado la credulidad. Cuando creímos que el mayor peligro de nuestros bebés era caer o pelear con otros niños, cuando creímos que el estado velaba por las normas de seguridad del lugar, la capacitación del personal, que el municipio controlaba el uso de suelo, que los cuerpos de emergencia sabían que hacer.

Nos han robado a nuestros niños. Nos han robado sus sonrisas. Cuantas vidas cortadas, cuantas vidas transformadas en unos segundos. Cuanto dolor que incansable buscará final o sentido. Actos de heroísmo, solidaridad, compasión, fortaleza, un nuevo sentido a nuestra vida, aprecio por nuestros niños, es consolador pero por el momento nada es suficiente.

Nos han robado la inocencia. Ya no vamos a creer en nuestros gobiernos, no vamos a dejarle ese trabajo al estado que no cumple ni por asomo con su parte, ni dejarnos llevar por esta aplicación del neoliberalismo que nos distorsiona el verdadero valor de las cosas, ya no vamos a correr por este camino, vamos a detenernos a ver que pasa, que nadie ayuda porque sí a los padres, cada uno de nosotros tenemos el cuidado de nuestras familias en las manos.

Vamos a tener malicia, vamos a exigir el cumplimiento de reglamentos, vamos a ir con todo contra las autoridades que son inconcientes, corruptos, negligentes, vamos a pedir por los derechos para los padres trabajadores, vamos a ser concientes y cumplir nuestra obligación de exigir y vigilar de ciudadanos.

Ya nunca recuperaremos a nuestros niños perdidos ya nunca recuperaremos nuestra inocencia, pero aún tenemos dignidad. Y las familias trabajadoras de México, que aún sostenemos esta tambaleante economía, queremos saber….

¿qué van a hacer presidente, IMSS; gobernador, alcalde para compensar mínimamente a los afectados y para que esto nunca vuelva a pasar¿

viernes, 6 de marzo de 2009

Los 3


“Es ella”, me dice sobresaltándome con su aliento en mi oído. Sólo hay unos segundos antes que nos vea y se aproxime a nuestra mesa. Somos la única pareja joven del restaurante. Su presencia en vivo es más impactante aún que en la fotografía, quizá por que se ríe, o por lo hipnotizante que parece su andar. Nos levantamos para saludarla. Su mano es firme, no nerviosa como la mía, nos sentamos los tres y pedimos café.
Creo que debo aclarar que esto no fue mi idea. Se que es una débil excusa como la obediencia debida de los nazis, pero el insistió en que sucediera y yo sólo desee complacerlo. Cuando empezó con este sueño no quise darme cuenta que la relación surcaba en un mismo mar pero hacia diferentes continentes. Yo deseaba cada vez más que nuestra unión se simplificará en una estable ecuación que sumará dos. Mientras el quería añadir nuevos elementos y ahora proponía jugar con el número tres. Al principio dije que no, pero los argumentos se me acabaron. El creía que las experiencias diferentes fortalecerían nuestros sentimientos. Yo, que era un poco jugar a la ruleta rusa con la vida de nuestro amor. Traté de evadirlo diciendo que lo pensaría pero aquella ilusión saltaba en sus silencios, en sus distraídas caricias. Y aquí estamos hoy frente a nuestra codiciada amante: linda, simpática y dispuesta a experimentar.
“¿A que te dedicas?” le pregunta él, no la conocemos. Yo estoy callada estudiando sus gestos. Más allá de su atractiva mirada noto su decepción de la vida, su búsqueda de placer inmediato, su pasión momentánea y su facilidad para volverse insensible a lo desagradable. Pero a la vez es tan bella. Él me sorprende admirándola con cierta avidez y se desconcierta ¿no era esto lo que quería, dos mujeres juntas para él? Empiezo a hablar con ella de lo tontos que son a veces los hombres, y nos reímos con complicidad. Alabo la gracia con que combina su collar y ella la forma en que brilla mi cabello oscuro.
Él me interrumpe hablando de su carrera y del automóvil que acabamos de comprar. Acomoda el cuello de su camisa azul, saca el pecho y muestra su mejor postura. Regresamos al tema del peluquero, me río y él nos mira, a ella con más intriga que deseo y a mí como si ahora fuera yo la desconocida. Y es que él no me conoce realmente, es mi culpa que siempre le digo sólo aquello que una relación puede tolerar. El sabe que disfruto nuestros cuerpos inventando sensaciones y de una entrega total. No sabe que la intensidad con que lo he amado, no es muy diferente a como quise a mi maestra de primaria o adoré a mi novia de la universidad. Que Dios me ha maldecido o bendecido con la capacidad de amar a cualquier humano, hombre o mujer, pero no me dio las palabras para poderlo explicar. Y ella es tan bella. Pero hoy no se trata de si puedo o no traspasar los límites de la heterosexualidad, esa frontera ilusoria para restarle al mundo complejidad. Se trata de que no puedo hacer el amor sin amar. De que junto con una mente abierta para querer, Dios me otorgó el don o castigo de un corazón creyente, regido por la fidelidad. Ahora evito su intercambio de sonrisas y trato de leer mi futuro en los restos de café. Él no me conoce realmente, no sabe que lo elegí entre billones de seres humanos porque hay algo en él que me incitó a desear una vida sólo para conocerlo y alcanzar juntos una eternidad. Me mira con sus ojos café preguntándome si lo haré; aún no lo sabe. Esta noche se cumplirá su más ferviente deseo, y después, hacer el amor con él ya nunca será amar.

jueves, 11 de diciembre de 2008

El don del exilio

Si has intentado encajar en algún molde y no lo has conseguido, probablemente has tenidos suerte. Es posible que seas una exiliada, pero has protegido tu alma.

Aunque el exilio tenga aspectos negativos, la psique salvaje lo puede soportar, pues acrecienta nuestro anhelo de liberar nuestra verdadera naturaleza y nos induce desear una cultura acorde a ella. El anhelo y el deseo hacen por sí solos que una persona siga adelante. Hace que una mujer siga buscando y, en caso de que no logre encontrar una cultura apropiada, hace que ella misma se la construya. Lo cual es muy bueno, pues, si la construye, un día aparecerán misteriosamente otras mujeres que llevaban mucho tiempo buscando y proclamarán con entusiasmo que era eso lo que tanto ansiaban encontrar.

Fragmento de Mujeres que corren con lobos. De Clarissa Pinkola Estés.
Cap. 6, pag 302 y 303.

jueves, 4 de diciembre de 2008

valor para amar

eso que dijiste en la fiesta
del amor y de la vida
pensaba que lo entendía, pero en tus labios
sonaba a verdad

y que puedo decirte yo
si no sabía hasta hoy que existías
fue un mañana que se abría
darle un nombre a la alegría

y si te regalo mi voz
y la clave de todos mis silencios
que si antes han hablado mis miedos
hoy es mi corazón el que quiere gritar

y si lo digo como una oración
aunque sea tan terrenal este anhelo
que si antes he querido ir al cielo
hoy quiero descubrirlo en ti

y si te dejo leer en un beso
como se va fundiendo este hielo
que si antes he huido del fuego
hoy quiero ser llama por ti

y si me atrevo a decir te quiero
aunque no sepa qué contestarás
que si en la tristeza he sido valiente
hoy quiero valor para mi alma entregar

y si te digo quien soy
una mujer que puede arriesgarse a fallar
que si antes ha querido ser buena
hoy quiere simplemente amar...