Él no dijo no y yo no respondí nada.
El gris no es uno de mis colores favoritos aunque me angustia el negro y el blanco me deslumbra. No digo nada, sólo observo cuál sería mejor, veo todos los matices y entonces, ya formada mi opinión, digo "tal vez".
Él dijo negro y yo veía el blanco.
¿Como negárselo? Yo sabía que a pesar del deslumbramiento la única diferencia en todo mi blanco era el negro... y también sabía que aunque eligiera el negro siempre estaría viendo el blanco. ¿Y el gris?
Él dijo, ¿por qué no gris?
Entonces yo ya no lo veía. No había nada que me atrajera de alguien que no puede decidirse por alguno de los dos. El gris me provoca... el gris no me provoca nada y entonces es como sentirse vacía. Igual a nada.
Él no dijo sí y entonces yo guardé silencio.
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martes, 13 de enero de 2009
miércoles, 26 de noviembre de 2008
En un susurro
Al hablarme quiero que lo hagas bajito.
Que tu boca en susurros solo se mueva,
sean tus ojos los mismos que yo vea,
para encontrarlos y perderme en esto,
que lo dicen todo sin un movimiento.
Si a mí te dirijes que también hable tu cuerpo,
para que se mueva, que me mueva,
no hay palabra, sinónimo, frase nueva,
el sonido engaña, no así el cuerpo.
Deja que ellas a mí me hablen, tus manos,
deja que tus piernas me abracen toda,
dime todo sin abrir tus míos labios
si no son para besarme no son nada.
Cuando hables conmigo busca mi silencio,
y si no es así entonces cállame,
si no es con un beso
hazlo con esa mirada...
Que tu boca en susurros solo se mueva,
sean tus ojos los mismos que yo vea,
para encontrarlos y perderme en esto,
que lo dicen todo sin un movimiento.
Si a mí te dirijes que también hable tu cuerpo,
para que se mueva, que me mueva,
no hay palabra, sinónimo, frase nueva,
el sonido engaña, no así el cuerpo.
Deja que ellas a mí me hablen, tus manos,
deja que tus piernas me abracen toda,
dime todo sin abrir tus míos labios
si no son para besarme no son nada.
Cuando hables conmigo busca mi silencio,
y si no es así entonces cállame,
si no es con un beso
hazlo con esa mirada...
domingo, 23 de noviembre de 2008
El gigante dormido
Esta es la historia de un gigante que permanecía dormido desde tiempos inmemorables. Había estado tanto tiempo en esta somnolencia que los entes que vivían, convivían y permanecían junto a él pensaban que ésa era su naturaleza.
Se mofaban de él, inclusive llegaron a abusar de este personaje; decían que no podía estar despierto nunca porque, sencillamente, él había nacido dormido. Y entonces lo escalaban y bailaban sobre su pecho, su cabeza, sus piernas, toda superficie que podían pisar. La condición del gigante, inclusive, se había convertido en algo de utilidad: construían puentes que pasaban sobre él y también edificios. Era parte del entorno y estaban orgullosos de cómo se veía su ciudad gracias a él. Era un buen adorno.
Súbitamente el gigante empezó a moverse. No supieron bien dónde empezó todo. Tal vez primero fue un dedo, después todo el pié. A una mano le siguió un brazo y entonces empezó el desastre. Todos los entes de la aldea se reunieron porque la situación era una emergencia y sólo ellos podían solucionarla.
"Debemos cortarlo pedazo a pedazo", sugirió uno. "No", le contrarió otro, "necesitamos su fuerza, podría ser de utilidad si lo dominamos primero", "si, pero nos mataría de una pisada", contestó uno más. Continuaron con más ideas hasta que por ahí, un ente que permanecía entre las sombras alzó la voz.
"Este gigante no tiene ni idea de quién es, podemos utilizarlo, hacernos amigos de él y convertirlo en nuestro esclavo sin que él se dé cuenta". Y entonces todos callaron. El silencio sólo duró unos minutos, los entes eran lentos y debían digerir de la misma forma las nuevas ideas. Después todos asintieron.
El gigante terminó por despertarse aunque no resultó como ellos habían planeado. Hubo partes que despertaron demasiado y se apoderaron de las regiones donde le tocaba vivir, una pierna llegó a comandar la región donde vivía. Hubo otras partes del cuerpo que no tuvieron tanta suerte. Hicieron su lucha pero la somnolencia les ganó y quedaron en un letargo a las órdenes de los entes. El futuro del gigante está escrito, aunque sabe que si despierta totalmente podrá demostrar su supremacía sobre los entes, sus cadenas mentales aún no se lo permiten. Sólo el tiempo lo dirá...
Se mofaban de él, inclusive llegaron a abusar de este personaje; decían que no podía estar despierto nunca porque, sencillamente, él había nacido dormido. Y entonces lo escalaban y bailaban sobre su pecho, su cabeza, sus piernas, toda superficie que podían pisar. La condición del gigante, inclusive, se había convertido en algo de utilidad: construían puentes que pasaban sobre él y también edificios. Era parte del entorno y estaban orgullosos de cómo se veía su ciudad gracias a él. Era un buen adorno.
Súbitamente el gigante empezó a moverse. No supieron bien dónde empezó todo. Tal vez primero fue un dedo, después todo el pié. A una mano le siguió un brazo y entonces empezó el desastre. Todos los entes de la aldea se reunieron porque la situación era una emergencia y sólo ellos podían solucionarla.
"Debemos cortarlo pedazo a pedazo", sugirió uno. "No", le contrarió otro, "necesitamos su fuerza, podría ser de utilidad si lo dominamos primero", "si, pero nos mataría de una pisada", contestó uno más. Continuaron con más ideas hasta que por ahí, un ente que permanecía entre las sombras alzó la voz.
"Este gigante no tiene ni idea de quién es, podemos utilizarlo, hacernos amigos de él y convertirlo en nuestro esclavo sin que él se dé cuenta". Y entonces todos callaron. El silencio sólo duró unos minutos, los entes eran lentos y debían digerir de la misma forma las nuevas ideas. Después todos asintieron.
El gigante terminó por despertarse aunque no resultó como ellos habían planeado. Hubo partes que despertaron demasiado y se apoderaron de las regiones donde le tocaba vivir, una pierna llegó a comandar la región donde vivía. Hubo otras partes del cuerpo que no tuvieron tanta suerte. Hicieron su lucha pero la somnolencia les ganó y quedaron en un letargo a las órdenes de los entes. El futuro del gigante está escrito, aunque sabe que si despierta totalmente podrá demostrar su supremacía sobre los entes, sus cadenas mentales aún no se lo permiten. Sólo el tiempo lo dirá...
viernes, 14 de noviembre de 2008
¿A qué huele una mujer?

No es noticia, durante siglos las mujeres hemos sigo estigmatizadas sobre la manera en la que deberíamos lucir, vestir, decir, hacer u oler. Y no sólo por los hombres. Inclusive las propias féminas tenemos alguna idea de la mujer ideal y la defendemos como si ello fuera el agua bendita o el pan nuestro...
La primera vez que yo olisquié las manos de mi madre me pareció que su olor era extraño. Con la prudencia que a mí me caracterizaba desde entonces no lo mencioné. Tal vez le pregunté y ella, llevándoselas a la naríz me contestó extrañada, "a nada".
En el tocador de ella, como en casi todos los tocadores, frascos de perfume, cremas y talcos (para la fecha muy usuales entre las señoras) no faltaban. Recuerdo que uno de mis pasatiempos favoritos era ir y revolcarme en ellos, tanto como en sus cosméticos, collares y artículos varios. A esa edad casi todo era actuar por repetición así que un poco de ella tal vez me haría más grande.
La primera vez que me llevé a la naríz las manos de mi madre su olor no era agradable. Yo acostumbraba a verla mientras se vestía, peinaba y maquillaba. Veía cómo buscaba los zapatos adecuados y las pantimedias también. La estudiaba mientras escogía el bolso perfecto y, por último, aquél collar y aretes. Un apretón en el perfume de su predilección (en el momento el que estuviera de moda) y estaba lista. Su mirada en el espejo era importante. Aunque miraba hacia el frente sus ojos también estaban mirando hacia adentro, esa era, y es, la mirada de mi madre.
La primera vez que yo aspiré el olor de sus manos no me gustó lo que encontré. No sabía qué era ese olor y ella tampoco me ayudó. Algunos años después, cuando yo ya tenía una familia, una casa y mis reglas propias, por accidente me llevé mis manos hacia la naríz. Cuál sería mi sorpresa, era el olor de mi madre. Descubrimiento.
Luego de llevar el ritmo de mi propia cocina, es decir, cocinar para los míos lo que a mí me apetecía, supe que aquél olor no era otro que el del ajo y la cebolla. Los que, por cierto, no se quitan fácilmente.
Recordé la comida de mi madre, aquella mesa rodeada de 7 hermanos y hermanas, mi padre y mi madre y aquél visitante inesperado que no faltaba diariamente: una amiguita de la escuela, primos, primas, tías, tíos o cualesquiera que "inesperadamente" visitara la casa de mi madre cerca del medio día... sabían que ahí las ollas eran de tamaño extra-familiar y la comida, a Dios gracias, era siempre abundante, nutritiva y deliciosa. Si no, siempre estaban los frijoles.
¿A qué huele una mujer? Dudo que el perfume más característico de una Mujer sea el de las violetas, el jazmín, patchulí o las rosas. Me parece que el más real es el de las especies, el ajo, la cebolla y la vida.
lunes, 10 de noviembre de 2008
Generaciones tras la máscara del "querer ser"
Maggie Carpenter es el personaje que interpreta Julia Roberts en una de sus múltiples películas de corte romántico que ha protagonizado. El filme se llama "Novia Fugitiva" en español, o Bride Runaway, en inglés.
La primera vez que ví esta cinta fue como casi todas las que he visto de ella (debo hacer la excepción de "Closer", la que me pareció muy interesante por su trama). Ya sabes, en el momento te divierten pero hasta ahí llegan. No hay una profundidad de caracteres como tampoco complicaciones. No tienes que pensar, es a lo que me refiero.
La segunda vez que yo ví esta película (lo acepto, me divierte inmensamente volver a ver películas, siempre y cuando me hayan parecido de simpáticas para arriba y tenga el tiempo para hacerlo). Decía, la segunda vez que nos encontramos Julia Roberts y yo, me quedé pensando...¿cuántas Maggies conoces?
Hago la pregunta porque fue esta segunda vez que yo capté que conozco demasiadas, que yo he misma he sido como Maggie Carpenter, duele aceptarlo pero debo aclarar, este personaje de mi vida se fue hace tiempo y no pude encontarlo... a Dios gracias. (JJJJ)
Decía, Maggie Carpenter, haciendo un perfil rápido, es una mujer que se esconde detrás del prometido en turno y la hace desde una novia rockera, otra interesada por la entomología, otra por los deportes y una más, la que cree encontrarse a sí misma aunque diste mucho de haberlo hecho.
El hecho es que hay demasiadas personas que se esconden en lo que esperan que seamos y no enseñan a aquél ser que realmente son.
Hace poco leía un artículo que hablaba sobre las tendencias y las modas y el porqué las seguimos. Jack Santino, un experto en cultura americana (si, el artículo era gringo) aseguraba que lejos de ser malo era sólo el reflejo de una sociedad que busca cobijarse y ser parte de cosas innovadoras y creativas. De ahí que múltiples personas decidan seguir una moda y ahí nos tienen con faldas largas, al siguiente cortas, al siguiente año sin ellas y etc. Seguimos modas hasta que llegamos a una edad en la que decidimos que el largo es lo de menos, pero para haber llegado a esta madurez tuvimos que pasar cuánto, qué o cómos.
¿Cuándo es que se madura y cómo le hacemos para hacerlo más rápido y, como resultado, encontrarnos a nosotros mismos? Ya sea como mujer u hombre. O el entremedio.
¿Es cierto que tiene que ser a golpes? No, no le voy a la violencia física, son los de la vida, dicen, los que hacen crecer. ¿Es que no hay otra forma?
No me conformo pero, yo ya estoy grandecita. Soy quien soy y poco o nada se puede hacer. Son las generaciones pequeñas la que me causan el alboroto...
La primera vez que ví esta cinta fue como casi todas las que he visto de ella (debo hacer la excepción de "Closer", la que me pareció muy interesante por su trama). Ya sabes, en el momento te divierten pero hasta ahí llegan. No hay una profundidad de caracteres como tampoco complicaciones. No tienes que pensar, es a lo que me refiero.
La segunda vez que yo ví esta película (lo acepto, me divierte inmensamente volver a ver películas, siempre y cuando me hayan parecido de simpáticas para arriba y tenga el tiempo para hacerlo). Decía, la segunda vez que nos encontramos Julia Roberts y yo, me quedé pensando...¿cuántas Maggies conoces?
Hago la pregunta porque fue esta segunda vez que yo capté que conozco demasiadas, que yo he misma he sido como Maggie Carpenter, duele aceptarlo pero debo aclarar, este personaje de mi vida se fue hace tiempo y no pude encontarlo... a Dios gracias. (JJJJ)
Decía, Maggie Carpenter, haciendo un perfil rápido, es una mujer que se esconde detrás del prometido en turno y la hace desde una novia rockera, otra interesada por la entomología, otra por los deportes y una más, la que cree encontrarse a sí misma aunque diste mucho de haberlo hecho.
El hecho es que hay demasiadas personas que se esconden en lo que esperan que seamos y no enseñan a aquél ser que realmente son.
Hace poco leía un artículo que hablaba sobre las tendencias y las modas y el porqué las seguimos. Jack Santino, un experto en cultura americana (si, el artículo era gringo) aseguraba que lejos de ser malo era sólo el reflejo de una sociedad que busca cobijarse y ser parte de cosas innovadoras y creativas. De ahí que múltiples personas decidan seguir una moda y ahí nos tienen con faldas largas, al siguiente cortas, al siguiente año sin ellas y etc. Seguimos modas hasta que llegamos a una edad en la que decidimos que el largo es lo de menos, pero para haber llegado a esta madurez tuvimos que pasar cuánto, qué o cómos.
¿Cuándo es que se madura y cómo le hacemos para hacerlo más rápido y, como resultado, encontrarnos a nosotros mismos? Ya sea como mujer u hombre. O el entremedio.
¿Es cierto que tiene que ser a golpes? No, no le voy a la violencia física, son los de la vida, dicen, los que hacen crecer. ¿Es que no hay otra forma?
No me conformo pero, yo ya estoy grandecita. Soy quien soy y poco o nada se puede hacer. Son las generaciones pequeñas la que me causan el alboroto...
martes, 4 de noviembre de 2008
Escribir es escribir
Me quedó muy claro. Margarita debió haber estado con la cabeza en la luna cuando nos mandó por internet esta frase. Hay que decírselo, pensé en su momento. Debió haber estado jugando con su nieto y entonces algo pasó, pensé después. Fue entonces y tras pensarlo un momento, digerirlo sin ser consiente de estarlo haciendo, entonces entendí.
Han pasado algunos meses (¿años?) desde que ella mandó ese pensamiento por internet. Aproveché la siguiente clase para hacerle el comentario. Tres palabras me habían sacudido y no sólo así, también habían desencandenado una serie de pensamientos, razonamientos y hasta enojos en contra del sistema. Aún siguen siendo los mismos aunque he aprendido a remar en contra de ellos, cual si fuera aquella una tormenta que aunque no busca hundirme a mí, se complacería de verme caer.
Ahora sé que ella tiene razón y, aunque aclaró no pertenecerle, también era importante tenerla en cuenta.
Escribir no es sólo escribir, después pensé, escribir encierra un compromiso para contigo misma y pienso que esa clase de compromisos son más fuertes que cualesquier otro. Me parece que también se lo dije después.
Escribir es una necesidad física, como comer, ir al baño o hacer el amor.
Escribir es expresión, como la pintura, el baile, el teatro y la escultura. Es un arte y encierra un fuerte reto hacerlo bien. Es razonar una ecuación matemática con un alto índice de complejidad; la genialidad depende del artista, o en su caso el científico.
Escribir a pesar de... esa, esa es otra historia. Porque los "a pesar de..." podría empezar a enumerarlos y no acabaría en una página. Todos los escritores y escritoras nos enfrentamos numerosos "a pesar de...". A pesar de no saber hacerlo, a pesar de las editoriales, a pesar de toda la gente que no lee ni leerá nunca porque sencillamente no le interesa, no le enseñaron a leer o no lo entiende. Escribir a pesar de uno mismo.
Escribir es escribir, hacerlo a pesar de todo y contra todo. Escribir con la claridad y humildad que se requiere; claridad para que te entiendan, humildad para entender y aprender de los errores. Es un aprendizaje constante, entre otras cosas. Es...
No es fácil... nadie dijo que lo fuera.
Han pasado algunos meses (¿años?) desde que ella mandó ese pensamiento por internet. Aproveché la siguiente clase para hacerle el comentario. Tres palabras me habían sacudido y no sólo así, también habían desencandenado una serie de pensamientos, razonamientos y hasta enojos en contra del sistema. Aún siguen siendo los mismos aunque he aprendido a remar en contra de ellos, cual si fuera aquella una tormenta que aunque no busca hundirme a mí, se complacería de verme caer.
Ahora sé que ella tiene razón y, aunque aclaró no pertenecerle, también era importante tenerla en cuenta.
Escribir no es sólo escribir, después pensé, escribir encierra un compromiso para contigo misma y pienso que esa clase de compromisos son más fuertes que cualesquier otro. Me parece que también se lo dije después.
Escribir es una necesidad física, como comer, ir al baño o hacer el amor.
Escribir es expresión, como la pintura, el baile, el teatro y la escultura. Es un arte y encierra un fuerte reto hacerlo bien. Es razonar una ecuación matemática con un alto índice de complejidad; la genialidad depende del artista, o en su caso el científico.
Escribir a pesar de... esa, esa es otra historia. Porque los "a pesar de..." podría empezar a enumerarlos y no acabaría en una página. Todos los escritores y escritoras nos enfrentamos numerosos "a pesar de...". A pesar de no saber hacerlo, a pesar de las editoriales, a pesar de toda la gente que no lee ni leerá nunca porque sencillamente no le interesa, no le enseñaron a leer o no lo entiende. Escribir a pesar de uno mismo.
Escribir es escribir, hacerlo a pesar de todo y contra todo. Escribir con la claridad y humildad que se requiere; claridad para que te entiendan, humildad para entender y aprender de los errores. Es un aprendizaje constante, entre otras cosas. Es...
No es fácil... nadie dijo que lo fuera.
viernes, 31 de octubre de 2008
Jack o' lantern

Ahí estaba Jack, sentado tras la barra y sobre un banco. Sus dos manos se aferraban con fuerza a la superficie, cerca de su vaso otrora lleno de whisky. Desde lejos sólo se veía a un hombre dentro de una taberna, pensativo y alicaído. De cerca sólo descubrías a un bebedor sin una moneda para hacerse de más licor.
Vamos, yo puedo ayudarte, la voz del Demonio detrás de él era invitante y su gargante cada vez estaba más seca. Sólo si te conviertes en una moneda para que pueda tomarme el último sorbo de alcohol antes de irme contigo. Una vez cumplido su deseo la moneda fue directamente a la cartera de Jack, e inmediatamente después él hizo la señal de la cruz sobre ésta. El demonio estaba atrapado y no saldría al menos que le perdonara la vida. Accedió porque hasta Lucifer sabe negociar. Pero sólo serían 10 años.
Volvió al cabo de 10 años y Jack lo hizo de nuevo. Seré tuyo si antes alcanzas esa manzana por mí, como última voluntad. Satanás no pudo resistirse a este favor y una vez arriba del árbol Jack hizo la señal de la cruz en el tronco. No volverás nunca por mí, sólo así te dejaré libre. El Demonio hizo su promesa.
Al cabo de un año finalmente Jack murió. En el cielo no había oportunidad alguna: avaro, bebedor y jugador. En el infierno Luzbel fue claro con él. Yo hice mi promesa, Jack, tú no cabes en el infierno. Le lanzó una bola de fuego y Jack, quien venía comiéndose un nabo, la tomó con su otra mano y la colocó rápidamente dentro del vegetal.
¿Y ahora qué voy a hacer? Cuestionó Jack. Sigue tu camino de regreso por el valle de las sombras e ilumínalo con este fuego que yo te doy. Tu castigo será seguir vagando por siempre.
jueves, 30 de octubre de 2008
Respuestas
Es por demás. No entiendo qué consigo al preguntarme lo mismo decenas, centenas y miles de veces. Ya tengo respuestas, todas de peso y aún sigo preguntándomelo. ¿Qué estoy haciendo inmersa en un mar de letras cuando aquí nadie sabe leer?
Siempre he visto el mundo de las personas que no se pueden comunicar de manera oral como algo bastante muy lejano al mío. Las observo haciendo sus señales, las veo ilusionarse y no puedo evitar el pensar en lo triste y silenciosa que debe ser su vida. He llegado a sentir lástima, por supuesto y no he de negarlo. Pero entonces me veo a mí misma tratando de ser "yo misma" y entonces no sé por quién sentir más lástima. Entonces ya no me da lástima, casi me doy risa.
Siento añoranza por la persona que fui hace unos días, unas horas, incluso minutos. Veo a la que fui hace años y apenas la conozco. Pero entonces es bueno. Siempre he pensado que en la búsqueda por mi yo perfecto, aquella que visualizo cada día, está en algún lugar, esperándome. La pregunta es si sabré que es ella una vez que la haya alcanzado.
Tengo decenas de respuestas y aún sigo preguntándomelo. Puede ser que hoy, y sólo por hoy, mi respuesta sea diferente y sea aquella que me llene. Pero es que al escribir soy aquella que visualizo entonces yo soy yo cuando escribo, si es así para qué preguntarlo más. Ya la encontré.
Torrente de emociones, situaciones y vivencias. Lágrimas, risas y sinsabores. Personajes reales, imaginarios y una revoltura de ambos. Vivir entre ellos, convivir con ellos hasta lograr zafármelos. Exorcisarlos de mi sistema mediante mis dedos, aprisionarlos en una hoja de papel. Plasmar su vida, mi vida, la vida de alguien que tal vez no es tan ajeno a tí o a mí.
Hay miles de respuestas y todas me llenan y ninguna me sacia.
Siempre he visto el mundo de las personas que no se pueden comunicar de manera oral como algo bastante muy lejano al mío. Las observo haciendo sus señales, las veo ilusionarse y no puedo evitar el pensar en lo triste y silenciosa que debe ser su vida. He llegado a sentir lástima, por supuesto y no he de negarlo. Pero entonces me veo a mí misma tratando de ser "yo misma" y entonces no sé por quién sentir más lástima. Entonces ya no me da lástima, casi me doy risa.
Siento añoranza por la persona que fui hace unos días, unas horas, incluso minutos. Veo a la que fui hace años y apenas la conozco. Pero entonces es bueno. Siempre he pensado que en la búsqueda por mi yo perfecto, aquella que visualizo cada día, está en algún lugar, esperándome. La pregunta es si sabré que es ella una vez que la haya alcanzado.
Tengo decenas de respuestas y aún sigo preguntándomelo. Puede ser que hoy, y sólo por hoy, mi respuesta sea diferente y sea aquella que me llene. Pero es que al escribir soy aquella que visualizo entonces yo soy yo cuando escribo, si es así para qué preguntarlo más. Ya la encontré.
Torrente de emociones, situaciones y vivencias. Lágrimas, risas y sinsabores. Personajes reales, imaginarios y una revoltura de ambos. Vivir entre ellos, convivir con ellos hasta lograr zafármelos. Exorcisarlos de mi sistema mediante mis dedos, aprisionarlos en una hoja de papel. Plasmar su vida, mi vida, la vida de alguien que tal vez no es tan ajeno a tí o a mí.
Hay miles de respuestas y todas me llenan y ninguna me sacia.
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