Eran tantos sus deseos de escribir, su cabeza estaba pletòrica de ideas, de recuerdos, habia sabido escuchar tantas cosas, que desbordaba su deseo de contarlas.
Sin embargo sus manos no daban para mas, querían volar sobre el teclado y éste se le resistía. Los puntos y las comas hacían su pura voluntad y se ponían uno tras otro, en lugar de uno sobre el otro como debería ser.
Luchaba con los malditos puntos, a veces eran demasiados, a veces no se presentaban.
Por lo general los puntos finales eran los que parecían no existir.
¿Cómo pasar a sus manos la vida que transparentaban sus ojos? Haber escuchado la había vuelto muy sensible, pero de la manera correcta, no como el maldito teclado también sensible, pero mal, hacía que se equivocara poniendo ocho puntos suspensivos en lugar de sólo tres.
- A ver- le decía en voz alta sentándose frente a el – hoy vas a hacer lo que yo quiera.
Ponía paréntesis donde podían ir comas, no daba espacios donde a ella se le ocurría, el teclado se negaba.
Las historias de sus abuelos pugnaban por salir de ella a través de sus dedos, lo cual la obligó a pensar seriamente como domar aquel teclado rebelde.
Comenzó poco a poco, tecla por tecla, letra por letra con la paciencia adquirida en su trabajo de maestra .
Sufría al mismo tiempo que disfrutaba pensando en los relatos futuros, ya no tendría que almacenarlos en la memoria, sino que ahora estarían ordenados y en blanco y negro para disfrute de otros, no sòlo para si misma.
Un día descubrió que junto con las lágrimas al recordar el relato del matrimonio de su abuela, salían las palabras perfectamente escritas y puntuadas, pensó “ condenada máquina, quiere decir que necesitas mi llanto”.
Pasaron unos meses y ella seguía con su propósito de dar vida a las historias de los abuelos, en esa ocasión tratando de escribir, comenzó a reír a carcajadas por una anécdota que recordaba del abuelo, inmediatamente empezó a pasarla al teclado. . . ni una falta de ortografía, todas las comas correctas, paréntesis acomodados donde debían y pensó: “máquina condenada, quiere decir que necesitas mi risa”.
La vida de los abuelos, la de sus padres, la de sus hermanas , la de sus hijos fueron pasando por todo su cuerpo, temblaba de miedo, reía, lloraba, recordaba fielmente las cosas ocurridas en su familia, sus dedos empezaron a ser ríos de letras vertidas en aquel teclado que la hizo sufrir tanto, siempre de una manera impecable y por fin un día le habló muy seriamente a la máquina: Querida mia, ya lo lograste, te he dado mi llanto, mi risa toda mi vida y la has vuelto prosa, no te dejaré nunca y te pido que tù por favor, no me dejes a mi, ayúdame a seguir siendo escritora por el resto de mi vida.
La computadora pareciò sonreir, el teclado cediò y se entregó para siempre.
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martes, 8 de diciembre de 2009
jueves, 5 de noviembre de 2009
DESCUBRIMIENTO
Comencé siendo una frase, me escribió una niña de quince años, estaba distraída durante la clase.
No fui ni siquiera una oración completa, solo una frase corta y escrita sin pensarlo mucho.
Ella escribió: Estoy enamorada y siguió con la mirada perdida entre el pizarrón y su compañera de enfrente.
La clase era aburrida y ella sólo pensaba en la tarde anterior, volvió a escribir, estoy enamorada, pero sin poner atención a lo escrito en el papel y se quedó pensando en peinarse igual que su compañera al siguiente día.
Yo la veía desde la hoja de papel en que me había escrito y me di cuenta como le fue llegando el recuerdo del aire tibio y los manos entrelazadas, los ojos de él fijándose en los de ella , antes sólo se miraban de lejos, de soslayo dándose a entender uno al otro que se gustaban.
Se quedó con la vista fija en mí y agregó un signo grande de admiración al principio, otro también grande y recalcado al final ¡estoy enamorada! ¡Estoy enamorada! Yo no era ya más una frase, era la admiración ante el suceso que recordaría toda su vida, la primera emoción maravillosa ¡se enamoró una niña! Y empezó una historia.
Ya no soy sólo una frase, soy un recuerdo vívido en la mente de una mujer empezando su camino para encontrar al compañero que tal vez será capaz de ayudarle a llenar su necesidad de cariño, tal vez no, pero esa frase que soy yo ¡ESTOY ENAMORADA! siempre estará con ella, yo siempre ¡estaré con ella!
No fui ni siquiera una oración completa, solo una frase corta y escrita sin pensarlo mucho.
La clase era aburrida y ella sólo pensaba en la tarde anterior, volvió a escribir, estoy enamorada, pero sin poner atención a lo escrito en el papel y se quedó pensando en peinarse igual que su compañera al siguiente día.
Yo la veía desde la hoja de papel en que me había escrito y me di cuenta como le fue llegando el recuerdo del aire tibio y los manos entrelazadas, los ojos de él fijándose en los de ella , antes sólo se miraban de lejos, de soslayo dándose a entender uno al otro que se gustaban.
Se quedó con la vista fija en mí y agregó un signo grande de admiración al principio, otro también grande y recalcado al final ¡estoy enamorada! ¡Estoy enamorada! Yo no era ya más una frase, era la admiración ante el suceso que recordaría toda su vida, la primera emoción maravillosa ¡se enamoró una niña! Y empezó una historia.
Ya no soy sólo una frase, soy un recuerdo vívido en la mente de una mujer empezando su camino para encontrar al compañero que tal vez será capaz de ayudarle a llenar su necesidad de cariño, tal vez no, pero esa frase que soy yo ¡ESTOY ENAMORADA! siempre estará con ella, yo siempre ¡estaré con ella!
jueves, 3 de septiembre de 2009
SIEMPRER SERA UN MILAGRO
Llega el momento de que el bebe nazca, la casa es un barullo, la abuela mantiene la calma y despide a los padres que van al hospital.
Las hermanitas van a la escuela, sabiendo que de premio, al salir, irán a conocer a su nuevo hermano.
Narices pegadas a la ventana de la sala de recién nacidos, "que chiquitito" "mira que boquita" "es su nietecito?" el padre esta absorto viendo el milagro que vino después de nueve meses.
La figura de la virgen enorme, recibe la oración de Ana Sofía de siete años: Dulce madre, no te alejes, tu vista no apartes de mi, ven conmigo a todas partes y nunca sola me dejes, te encargo a mi Mama y mi Hermanito.
De regreso a la casa, las nenas han madurado y se expresan con puras palabras suaves de Luis su hermano, el primer llanto no ocasiona desesperación, sino asombro, siempre será un milagro el nacimiento de un hijo "amasado y horneado" con amor y recibido con suavidad y bendiciones. Ana Barbará de cinco añitos, pide que se lo pongan en el pequeñísimo regazo.
Las noches sin dormir, apenas vienen, pero el milagro del cariño sigue allí hasta que sea necesario.
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